Nightmare I. Conciente
Esta
mañana desperté con ganas de salir. Saqué la bicicleta morada que dice Venecia
en un costado y la monté para luego encontrarme en una avenida vacía. Las hojas
caían con suave lentitud hasta llegar a enredarse con mi cabello. Gente que no
había visto en años comenzaron a aparecer a mi lado. Montados cada uno de ellos
en una bicicleta diferente. Aquellas bicicletas reflejaban su personalidad con
demasiado detalle. La que más destacaba era la de Gabriel, era café;
tal vez lo relacioné con el chaleco dominguero que siempre se ponía durante
toda nuestra infancia. También vi a los demás, todos alejándose poco a poco sin
dirigirme la palabra.
-¿Qué?
– miré hacia atrás.
Seguían
ahí, pero cada vez más despacio. Autos comenzaron a aparecer, por un momento
sentí que olvidaba cómo pedalear, pero de repente aparecieron caras más frescas
del presente. Tomaron el mando de mi manubrio y me dirigieron con gran agilidad
hacia la banqueta. Notaba que había ruido y que sus bocas se movían, pero no
podía escuchar lo que decían, sólo los veía sonreír y dirigirse hacia mí.
-¿Qué
están diciendo? Quiero comunicarme, pero mi mente no reacciona, ni siquiera sé
si realmente están hablando español ¿Por qué mi mente no lo procesa? Por favor…
¡basta!..…no puedo escucharlos.
Llegamos
a una dulcería, pude notar que sólo me rodeaban chicas, sentía que las conocía
de algún lado, pero no sabía de dónde. Había caballos por doquier, de juguete
supongo. Podía ver y distinguir que en esa tienda había gran
variedad de colores, pero no recuerdo si realmente había dulces. Sólo puedo
recordar que había un vaso con un líquido naranja con un sorbete rosa.
-¡Vamos!
– pude escuchar entre lo que pensé que era el silencio, pero ese silencio al
mismo tiempo me parecía demasiado ruidoso.
Sin
dudar tomé mi bicicleta sin saber porque reaccione de esa forma y me dirigí
hacia adelante. Seguía habiendo autos. Cada vez más y más autos. Escuché
choques y terribles gritos. No más allá de donde me encontraba había una reja
café con letras blancas recién pintadas con agresividad que no se podían
entender. Gente, en su mayoría hombres de no más de 22-24 años, comenzaron a salir
gritando con bats de beisbol, cajas
de cartón rotas y esparcidas por toda la calle, botes de basura en llamas que
lanzaban, con una fuerza sobrenatural, sobre los autos, cierras eléctricas y
algunos muy extraños que traían fierros y la parte superior del cuerpo desnuda
con marcas pintadas de un color rojo algo espeso. Comenzaron a correr hacia las
personas. A atacar con violencia.
-¿Eh?
– fue lo único que pude decir después de salir corriendo.
Estaba
expuesta a aquel suceso. Excesivamente expuesta. Muy cerca. Los demás ya no
estaban, ni tampoco sus bicicletas. Escuchaba gritos de agonía, sonido de
tacones quebrándose, portazos de puertas de todos los autos que se habían
quedado ahí varados, abandonados por los dueños. Iba en mi bicicleta a toda
prisa con muchas ganas de llorar. Intentaba seguirles el paso a los demás que
corrían, pero de la nada el escenario comenzó a oscurecerse. El sonido de la
gente comenzó a desaparecer. Me estaba quedando sola. Escuchaba que los
atacantes se acercaban cada vez más en busca de más víctimas. No había nada de
luz. Ningún destello. No podía ver ni mis propias manos.
-¿Y
ahora…que hago? – dije con voz muy baja y quebradiza a punto de romper en
llanto.
Intenté
correr de tal forma que el sonido de mis zapatos fuera nulo, me topaba a cada
rato con uno y que otro auto con las manos. Con eso era capaz de guiarme, pero
comenzaba a desesperarme la idea de que en cualquier momento llegará alguien y
me rompiera el cráneo de un garrotazo.
-No
quiero………no…quiero – susurré con dolor en el pecho mientras lagrimas
agradablemente cálidas comenzaron a recorrer mis mejillas. Dejé de trotar a
ciegas y decidí caminar despacio, tuve la esperanza y el optimismo para luego
tener una idea más clara de la situación.
–
Tal vez, si me quedo completamente callada y quieta, me pasen de largo. Si yo
no puedo ver nada, ellos tampoco.
-Tranquilízate, ¿está bien?
-¿Qué?
¿Hay….alguien ahí? – casi no tengo voz.
-Si llegara a darse la ocasión de tener
que atacar y defenderte no dudes en hacerlo ¿te quedó claro?
-¿De
dónde proviene esa voz? – digo en mi mente.
-Incluso si hay una oportunidad consigue
un objeto útil, duro y que no te estorbe si debes correr o moverte rápido.
-¿Quién
me está hablando? – me sigo diciendo para mis adentros.
-Rómpeles una pierna o golpea directo en
la espina dorsal o golpea ambos oídos al mismo tiempo.
-¿Romperles
la…? ¿Qué? ¿Por qué? – al parecer esto parece una comunicación mental. Muda.
-Ellos no dudaran en hacerte algo, no
tienen por qué dudar, para ellos solo eres un rostro más. Si les rompes una
pierna o atrofias su columna, no pueden seguirte o moverse sin dolor, y si golpeas
sus oídos atontas su equilibrio. Es seguro y sin tener que matar a nadie.
-¿Por
qué habría de matar?
-¿De verdad quieres saber la respuesta a
esa pregunta?
-No
-Porque……en ese momento en donde te
sientas completamente indefensa, rodeada por sus fuertes manos sin poderte
soltar suplicando piedad hasta quedarte sin voz o saliva para gritar por ayuda, el deseo de querer liberarte será tan fuerte que el instinto borrará tus
límites. Me borrará a…..mí. Y tendrás deseos de matar.
-Te
dije que no quería saber la respuesta.
-Eso no lo decides tú.
-¿Por
qué? ¿Por qué me estas ayudando? ¿Quién eres?
-¿Te gustan los acertijos?
-No
cambies el tema.
-¡Oh!, pero si será divertido. Esto te
encantará.
-No.
-Bueno ahí va.
-¡De que me sirve el “no” entonces!
“Te digo
lo que está bien y lo que está mal,
casi
todos deciden ignorarme,
pero
suele ser por un tiempo temporal,
porque
sabes muy bien en el fondo que, al final, la verdad siempre saldrá.
No
puedes verme, pero puedes oírme, pero muy poco pueden escucharme.”
Who…am…I?!
-No
lo sé ¿Tiempo temporal? ¿Está bien dicho?, es porque no sabes con que rimarlo,
¿no?
-¡¿Eh?! ¡N..n…no! es un acertijo
perfecto. Solo sigue los consejos que te mencioné, te mantendrán con vida. Te
di muchas opciones para que no cometas algo estúpido de lo que luego vayas a
arrepentirte.
-¿Qué?
-Si llegas a arrepentirte de alguna
acción, estoy segura de que nos volveremos a encontrar. ¡Ah! Y por cierto,
siempre que vengo de visita, el tiempo no existe. Así que en donde nos habíamos
quedado… ¡Oh, sí! Estabas…corriendo por tu vida, así que…
Corre…
-¿Eh?
¿Dónde estoy? Por un momento me perdí en mis pensamientos. Veo con más
claridad, ¿de dónde viene esa luz?
Cuatro
hombres se acercaron a donde yo estaba. Uno de ellos traía un bat en llamas.
-Ah,
me equivoque. No necesariamente ellos van a estar a ciegas si yo lo estoy.
Subestimé mucho la situación.
Se
escuchaban risas perturbadoras entre ese grupo de chiflados sin camisa. Ni
siquiera tengo conocimiento del por qué están causando esta masacre ¿Qué hice yo como
para merecer tal terror? No los conozco, pero me veo involucrada. ¿Quiénes son?
¿Se harán la misma pregunta sobre sus víctimas? ¿No se detienen a pensar que
con matar a una persona realmente matan más que eso? ¿Por qué no pueden
detenerse a pensar?
-¡¿Qué
no tienen….?! ………Oh.
-¡VEOO
A AALGUIEEEEEN! ¡AJAJAJAJAJA!
-EL
ROJO ES UN COLOR MARAVILLOSO, ¿POR QUÉ NADIE COMPARTE NUESTRA OPINIÓN?
-BUENO
TAL VEZ ELLA SEA MÁS RAZONABLE QUE LOS OTROS.
-Oye
malcriada estúpida….
Él
habla con normalidad a comparación de los otros; bueno, sin contar los insultos…
-¿Te
gustaría ver tu color rojo?
Bueno,
ahora sé que aunque diga que no, a ellos realmente no les importa, lo harán de
todas maneras. Si digo algo sarcástico estoy cavando mi propia tumba; esto no
es una película, no puedo decir algo como: “¿Te gustaría ver el tuyo?” y hacer
algo extremadamente violento e irracional.
* * *
* * *
-Corre
fue lo que me dijo.
-Esta
escuincla imbécil está hablando sola. ¡HEY! ¡Te hice una pregunta!
“Y
si hablo sola qué, ¿tienes algún problema?”… Deja de pensar de forma sarcástica. ¡Concéntrate! ¿Por
qué tanta la insistencia en saber mi respuesta? Podrían solamente acercarse y
hacerme lo que ellos plazcan. ¿Qué los detiene? Es una clase de diversión
¿Tortura? No creo que sea tortura ¿Entonces qué es? ¡GAH!
Luego te detienes a preguntar ¡Solo corre, por dios!
-¿¡A
DONDE QUIERE IR LA PEQUEÑA CORDERITA!?
Sin
siquiera darme cuenta, ya estaba corriendo. Uno de los hombres me tomó por mi
largo cabello, me jaló con firmeza y me arrastró hacia uno de los autos. Tomó
un fierro que estaba en el suelo. No pude notar ni un rastro de culpa en sus
ojos. Ni siquiera miedo.
-Entonces
– dijo mientras crujía su cuello para luego dirigir su mirada a mis ojos - ¿Cuál
es tu respuesta?
-
Es…la conciencia.
Sujetó
mi cabello con fuerza, movió el fierro hacia atrás y lo último que recuerdo de
ese momento es oscuridad.
Abrí
mis ojos. Mi corazón latía frenéticamente. Apenas podía respirar. Estaba en mi
habitación, en mi cama. No se veía real. Parecía que lo anterior era la
realidad. Toqué mi rostro y me llevé con la sorpresa de que había lágrimas en
mis mejillas.
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