jueves, 1 de enero de 2015

Nightmare II. Ahí viene

Recuerdo que olía a incienso cuando esa cosa estaba ahí esperándome. La iglesia era pequeña y tenía unas ventanas muy llamativas hechas de mosaicos de colores. El suelo era de madera, se podía notar que estaba muy desgastado y lleno de humedad, crujía con cada paso que se diera encima de él. Eso era muy inconveniente para mí en estos momentos.
Puse un pie en la madera. Crujió tan alto que el eco se calmo después de unos 40 segundos. Los 40 segundos más largos e intensos de mi vida.

-¡Maldición! - me quedé callada unos minutos – No puedo gritar eso dentro de una iglesia…. ¡Ha! Sólo escúchenme, incluso en situaciones como esta todavía pienso en formalidades. Sólo a mí se me ocurre.

Hacía mucho frío. Demasiado diría yo. Decidí atrancar la puerta con una de las bancas para orar. Así es, ¡más ruido! ¡Más escándalo! Ya que más da. Me pareció fácil, al parecer la adrenalina te prohíbe sentir dolor, esas cosas son increíblemente pesadas y yo sola pude moverlas. Después decidí esconderme en el confesionario más cercano y llorar. Tuve que aguantar y ahogar las ganas de gemir de la angustia para que no descubriera mi ubicación, pero…….él ya saben dónde estoy, entonces ¿Cuál es el propósito de esconderme? No lo sé, pero me siento más segura si lo intento de todos modos. Mentirme a mi misma de lo que ya se ve por venir.

-¿Qué hubiera pasado si no me hubiera levantado esta mañana? ¿Las cosas…hubieran sido diferentes? – susurré antes de quedarme dormida.
                                                                 
                                                                  *      *     *

Me levanté, como todos los días lista para ir al colegio. Me cepillé los dientes, me cepille el cabello y me preparé un desayuno improvisado. Detesto el sabor de la comida cuando ya me lavé los dientes, así que siempre me salto el desayuno y lo guardo para la tarde.

-¿Qué hora es? – pregunta mi madre – No se nos vaya a hacer tarde.

Me recojo la manga de la chamarra gris del colegio y veo la hora en mi reloj morado.

-Son las 6:40 am, no creo que lleguemos tarde - digo mientras abro la puerta y apago la luz de la sala – Nada nos detendrá de llegar.

Llegamos 6:50 am a la puerta de la escuela.

-¡Que te diviertas! – me dice mi madre con un beso en la frente.

Siempre ha hecho lo mismo desde la primera vez que puse un pie en un colegio. Para mí es algo normal, pues siempre he buscado divertirme en todo lo que hago. Mi madre me ha enseñado eso sin darme cuenta. Simplemente lo sé, así que lo doy por hecho.

-Oiga señora, ¿le dice eso a su hija todos los días? – pregunta el policía que cuida la entrada.

-Sí, es mi sello personal como madre – lo dice con una sonrisa orgullosa.

Esto me sorprende, llevo casi año y medio en este colegio y es la primera vez que veo que uno de los policías nos dirige la palabra. A veces olvido que todas las autoridades y adultos también son personas que sienten y hablan de manera normal, no que solo se enojan, que dictan deberes, que hay que obedecerlos, etc. Tienen ese algo, no lo sé, eso que los hace intocables. ¿Eso sería lo que llaman…respeto? Es como si hubiera una línea imaginaria que ellos solos se pintan y marcan un límite. Hay gente que rompe esos límites y llegan a traspasar esa burbuja. Esas personas logran ver a la verdadera persona, el ser humano que existe tras el uniforme.

-¡Pues me parece algo fantástico, señora! – sonríe el policía con entusiasmo – Siempre que veo a los chicos entrar, los padres solamente les dicen cosas negativas; los traen regañados, les dan una orden, como “No te duermas en clase” “Pon atención” “¡Pórtate bien!”. Desde un inicio parece que no confían en sus hijos y eso, señora, no se debería hacer. La autoestima es muy importante a esta edad y ellos, sólo llegan de mal humor. No señora, eso está bien mal.

-Pues sí, como ve – mi madre comenta un poco incomoda intentando seguirle la corriente.

Este hombre habla demasiado. No hay quien lo calle. Bueno, eso sonó algo grosero, pero no es ni el lugar ni el momento para comenzar una plática de ese tipo. A mí se me está haciendo tarde y sólo estoy ahí parada con una sonrisa medio falsa asintiendo a todo. Si me voy me vería mal y, si no me voy, jamás guardará silencio.

- Lo que está haciendo usted señora, es algo único. Jamás había visto algo por el estilo. Se los iré transmitiendo a los chicos cuando pasen por aquí, también a los padres ¡Ya verá! Los chicos vendrán más contentos.

Ay, dios mío ¿Es mi imaginación o, esto es una transferencia? Algo le habrá pasado a este hombre en su pasado como para que se ponga de este modo  ¿Será una transferen…? Sí, es una transferencia, definitivamente una transferencia, será mi primera impresión. Si noto algo que me diga lo contrario, seguiré pensando. Debería dejar de analizar gente, luego me da dolor de cabeza.
Al fin después de haber pasado esa larga conversación logré llegar a mi locker. Un profesor pasó cerca de mí y yo, que venía de buenas como todos los días, decidí saludarlo.

-¡Buenos días, profesor! – dije con una sonrisa.

Me pasó de largo como si no me hubiera escuchado. Lo mismo pasó con otros dos que iban pasando.

-Ya nadie tiene tiempo para saludar y sonreír ¿o qué? Que amargados.

Saqué mis cosas de mi locker y justo antes de terminar de poner el candado, un chico pasó y me dio un mochilazo en la cabeza. Ni siquiera notó que estaba ahí, venía riéndose de algo con otra chica.

-¡Hey! ¡Eso me dolió! Ten cuidado, por favor – le comenté mientras me sobaba la cabeza y recogía mis libros, que se habían caído por el golpe.

Me volteó a ver y se quedó callado. Nuestros ojos se cruzaron por un instante. Yo esperaba una disculpa. No hubo tal cosa. Simplemente se dio media vuelta y se siguió riendo.

-¿Qué rayos con la gente? Que chico tan imbécil, ese tipo de cosas me ponen de mal humor; al rato se me pasa, debo seguir sonriendo pase lo que pase.

De pronto, me di cuenta que un hermoso felino se aproximaba hacia donde estaba yo. Su cuerpo se transformó en gelatina cuando logró pasar por una cerca. Sus ojos eran verdes oscuro y una fina línea negra dividía ambos hemisferios. Hermoso de verdad.

-Hmmmm…. – dije, me quedé totalmente quieta admirando a la criatura. Ninguno de los dos se movió, no podía apartar la mirada de sus ojos.

Sonó la campana de la escuela y pude despertar del trance en el que estaba. El felino se apartó y logró meterse a un agujero pequeño sin dificultad.

-Bueno, eso…..es nuevo – dije al último antes de ir a mi salón.

Subí las escaleras y me dirigí al salón numero 24. Abrí la puerta con delicadeza, porque la verdad detesto a la gente que entra gritando de un portazo como si dijera “¡Mírenme!”, y me senté en silencio.

-Buenos días, Miguel – dije mientras leía un libro

-Buenos días…

Es fácil reconocerlo, con el simple sonido que hace cuando camina puedo saberlo.

-¡Buenos días, Pambazo! ¡Qué cara traes esta mañana! – dijo Héctor.

-Hoy pasaron muchas cosas…al rato se me pasa – dije con un tono algo cortante, no quería hablar de eso por el momento.

-¡Uuuuuyyy! ¡Perdón! ¡Discúlpame! Ya se enojó – dijo Héctor con sarcasmo.

No dejes que el mal humor se vea reflejado en tus acciones. ¡Sonríe!

-Lo siento pues. Ya. Estoy feliz, yeay…… – dije desanimada.

No funcionó, el cuerpo habla por sí solo.
Pasaron las 8 horas como agua, salí con mucho sueño. Miguel y Héctor iban conmigo. Estaban platicando sobre videojuegos, pero estaba tan cansada que casi no escuche nada.

-¡Hey! ¡Miren, un gato! – gritó Héctor.

-¡Ay, dios mío! No te vayas a morir, ay dios mío, como es el primer gato que ves en tu vida… - dijo Miguel con sarcasmo.

A veces me pregunto ¿por qué me junto con ellos? ¡Ha! Sera porque yo también soy demasiado sarcástica, solo con ellos puedo ser así y ninguno de nosotros se siente ofendido. Si lo hiciera con los demás me verían de otra forma.

-Es el mismo gato que vi esta mañana – dije al fin.

Salió huyendo hacia el patio de atrás.

-¡Oye! ¿A dónde va? –lo dice Héctor con sorpresa.

-Vayamos a averiguarlo – sugerí.

-Ok, eso es raro – me dice Miguel.

-¿Tienes algo mejor que hacer? – contesto.

No objetó a mi respuesta.
Llegamos a la parte de atrás del colegio y nos encontramos con decenas de partículas de polen volando en el aire. Comencé a sentirme mal. Todo me daba vueltas, no podía diferenciar la pared y los árboles. Lo último que alcancé a escuchar fue a Miguel diciendo mi nombre.
Desperté. Alguien había apagado la luz.

-Si estaré tonta, nadie ha apagado la luz, es de noche nada más – me dije a mi misma.

La caída y los sucesos me habían afectado, no podía pensar con claridad. Volteé a mí alrededor para buscar a mis amigos.

-¿Miguel?… ¿Héctor? ¿Están vivos? – dije en voz baja.

-No, estoy más que muerto y, por eso, te estoy hablando en este momento ¡Por supuesto que estoy vivo! – dice Miguel gritando.

Me tranquiliza que esté bien, pero el sarcasmo no era necesario. Realmente me asusté.

-¿Y Héctor? – indica Miguel mientras intenta levantarse.

-¡GAAAAAAAAAHHHHH! ¡AAAGHH! ¡AY! ¡AY! ¡AY! ¡AY! ¡YAAAA POR FAVOR, NO MÁS! ¡NO MÁS POR FAVOR! ¡SUELTAMÉ! ¡SUELTAMÉEEEE! ¡NO! ¡NOO! ¡NOOO POR FAVOR!........

-¡Eeek! Ay, dios mío ¡¿Qué rayos fue eso?! – digo con terror – Suena como una combinación entre llanto y desesperación con sonidos de animales salvajes.

-¡Tenemos que ir! ¡Sígueme! – me grita Miguel con los ojos tan abiertos que la verdad no me agradaron. Esa era la mirada de alguien que actúa por instinto, pero yo sabía que en el fondo tenía miedo.

Una bestia infernal se encontraba en el patio principal del colegio. El olor a sangre era insoportable.  No había rastro de Héctor. No más gritos. No más suplicas. No más…

-Parece una quimera – digo mientras señalo el enorme cuerpo que se movía con pesadez y que respiraba con demasiada fuerza.

Parecía un león gigante, musculoso y agresivo. Los huesos de su espalda se movían de una forma algo grotesca. No dejó nada. Héctor había desaparecido para siempre. Jamás lo volveré a ver. Por un instante extraño su sarcasmo y me arrepiento tanto de haber sido tan fría con él en la mañana.

-¿A dónde huimos? –le digo a Miguel en voz baja. – Ah…¿Miguel?

Miguel está llorando. Esta aferrado a la pared aguantándose el llanto. Lagrimas comienzan a salir sin control mientras pone su puño en su boca para no hacer ruido. Comenzó a hiperventilar con más agresividad. Tenía que calmarlo.
Me agaché hacia él intentando quitarle el puño de la boca. Estaba hecho pedazos, tirado en el suelo sin poder hablar. El enorme animal volteó hacia nuestra dirección.

¡PAF!

Le di una bofetada.

-¡Regresa a tus sentidos! – susurré con agresividad.

Dejó de llorar y me agarró del brazo con fuerza. Estaba desesperado.

-….No quiero morir – al fin dijo - No así...

Lo levanté y corrimos hacia la salida. El animal gruñó como cuando alguien escribe en un pizarrón de gis y lo arrastrara adrede sin parar. Era increíblemente insoportable.
De un brinco bloqueó la dirección hacia la salida, era hábil el maldito. Ágil aun con ese tamaño. El único lugar al que podíamos ir era a la pequeña iglesia que se encontraba dentro de la escuela. No sabía a dónde más podíamos ir.
Pasamos por el lugar donde hace unos minutos Héctor había sufrido sin control. Me pregunto si murió por el susto y el dolor antes de haber sido devorado. Bueno, eso es algo que jamás sabré.

-¡Wuuoow! ¡Auch! – dijimos los dos.

Nos habíamos resbalado con la espesa sangre de Héctor. Tomé del brazo a Miguel para seguir corriendo cuando de pronto la “quimera” gigante hizo que temblara el suelo con su enorme peso.
Miguel se volvió a resbalar. La bestia recargó su enorme pata sobre su espalda y la presionó con tanta fuerza que logré escuchar cómo se rompía la columna, vertebra por vertebra. Gritaba de dolor y por su vida. Me quedé inmóvil, pálida ante esa escena. Me dieron nauseas.
Su voz dejó de sonar, solo el sonido de su cuerpo rompiéndose era lo que predominaba en el pasar del aire. Miguel ya no estaba más en este mundo.
Corrí hacia la iglesia sin mirar atrás. Entré y cerré la puerta.

*      *     *

Me desperté después de escuchar una enorme respiración en la puerta. Seguía en el confesionario. Me había quedado dormida. El olor a sangre y a cadáver putrefacto se esparcía en el ambiente.  Como quisiera tener incienso de canela o de vainilla, son mis favoritos.

-¿Estoy soñando? Nada de esto tiene sentido. No es real ¡NO ES REAL! Están vivos. Yo sé que están vivos. Van a volver ¿verdad? No están muertos ¿verdad?...Que alguien me ayude…

El sonido de cristales rotos se escuchó a unos 10 metros de distancia, lo cual no es casi nada; la enorme bestia olfateó hasta dar conmigo, aplastó el confesionario con el lomo de su cuerpo. Oscuridad. Después de eso ya no había vida en mí, al final sólo quedó mi cuerpo. Tan pacífico, como si durmiera.

Mamá
“¡Que te diviertas!”

Sonriendo hasta el final.


SMS

lunes, 22 de diciembre de 2014

Nightmare I. Conciente

Esta mañana desperté con ganas de salir. Saqué la bicicleta morada que dice Venecia en un costado y la monté para luego encontrarme en una avenida vacía. Las hojas caían con suave lentitud hasta llegar a enredarse con mi cabello. Gente que no había visto en años comenzaron a aparecer a mi lado. Montados cada uno de ellos en una bicicleta diferente. Aquellas bicicletas reflejaban su personalidad con demasiado detalle. La que más destacaba era la de Gabriel, era café; tal vez lo relacioné con el chaleco dominguero que siempre se ponía durante toda nuestra infancia. También vi a los demás, todos alejándose poco a poco sin dirigirme la palabra.

-¿Qué? – miré hacia atrás.

Seguían ahí, pero cada vez más despacio. Autos comenzaron a aparecer, por un momento sentí que olvidaba cómo pedalear, pero de repente aparecieron caras más frescas del presente. Tomaron el mando de mi manubrio y me dirigieron con gran agilidad hacia la banqueta. Notaba que había ruido y que sus bocas se movían, pero no podía escuchar lo que decían, sólo los veía sonreír y dirigirse hacia mí.

-¿Qué están diciendo? Quiero comunicarme, pero mi mente no reacciona, ni siquiera sé si realmente están hablando español ¿Por qué mi mente no lo procesa? Por favor… ¡basta!..…no puedo escucharlos.

Llegamos a una dulcería, pude notar que sólo me rodeaban chicas, sentía que las conocía de algún lado, pero no sabía de dónde. Había caballos por doquier, de juguete supongo. Podía ver y distinguir que en esa tienda había gran variedad de colores, pero no recuerdo si realmente había dulces. Sólo puedo recordar que había un vaso con un líquido naranja con un sorbete rosa.

-¡Vamos! – pude escuchar entre lo que pensé que era el silencio, pero ese silencio al mismo tiempo me parecía demasiado ruidoso.

Sin dudar tomé mi bicicleta sin saber porque reaccione de esa forma y me dirigí hacia adelante. Seguía habiendo autos. Cada vez más y más autos. Escuché choques y terribles gritos. No más allá de donde me encontraba había una reja café con letras blancas recién pintadas con agresividad que no se podían entender. Gente, en su mayoría hombres de no más de 22-24 años, comenzaron a salir gritando con bats de beisbol, cajas de cartón rotas y esparcidas por toda la calle, botes de basura en llamas que lanzaban, con una fuerza sobrenatural, sobre los autos, cierras eléctricas y algunos muy extraños que traían fierros y la parte superior del cuerpo desnuda con marcas pintadas de un color rojo algo espeso. Comenzaron a correr hacia las personas. A atacar con violencia.

-¿Eh? – fue lo único que pude decir después de salir corriendo.

Estaba expuesta a aquel suceso. Excesivamente expuesta. Muy cerca. Los demás ya no estaban, ni tampoco sus bicicletas. Escuchaba gritos de agonía, sonido de tacones quebrándose, portazos de puertas de todos los autos que se habían quedado ahí varados, abandonados por los dueños. Iba en mi bicicleta a toda prisa con muchas ganas de llorar. Intentaba seguirles el paso a los demás que corrían, pero de la nada el escenario comenzó a oscurecerse. El sonido de la gente comenzó a desaparecer. Me estaba quedando sola. Escuchaba que los atacantes se acercaban cada vez más en busca de más víctimas. No había nada de luz. Ningún destello. No podía ver ni mis propias manos.

-¿Y ahora…que hago? – dije con voz muy baja y quebradiza a punto de romper en llanto.

Intenté correr de tal forma que el sonido de mis zapatos fuera nulo, me topaba a cada rato con uno y que otro auto con las manos. Con eso era capaz de guiarme, pero comenzaba a desesperarme la idea de que en cualquier momento llegará alguien y me rompiera el cráneo de un garrotazo.

-No quiero………no…quiero – susurré con dolor en el pecho mientras lagrimas agradablemente cálidas comenzaron a recorrer mis mejillas. Dejé de trotar a ciegas y decidí caminar despacio, tuve la esperanza y el optimismo para luego tener una idea más clara de la situación.

– Tal vez, si me quedo completamente callada y quieta, me pasen de largo. Si yo no puedo ver nada, ellos tampoco.

-Tranquilízate, ¿está bien?

-¿Qué? ¿Hay….alguien ahí? – casi no tengo voz.

-Si llegara a darse la ocasión de tener que atacar y defenderte no dudes en hacerlo ¿te quedó claro?

-¿De dónde proviene esa voz? – digo en mi mente.

-Incluso si hay una oportunidad consigue un objeto útil, duro y que no te estorbe si debes correr o moverte rápido.

-¿Quién me está hablando? – me sigo diciendo para mis adentros.

-Rómpeles una pierna o golpea directo en la espina dorsal o golpea ambos oídos al mismo tiempo.

-¿Romperles la…? ¿Qué? ¿Por qué? – al parecer esto parece una comunicación mental. Muda.

-Ellos no dudaran en hacerte algo, no tienen por qué dudar, para ellos solo eres un rostro más. Si les rompes una pierna o atrofias su columna, no pueden seguirte o moverse sin dolor, y si golpeas sus oídos atontas su equilibrio. Es seguro y sin tener que matar a nadie.

-¿Por qué habría de matar?

-¿De verdad quieres saber la respuesta a esa pregunta?

-No

-Porque……en ese momento en donde te sientas completamente indefensa, rodeada por sus fuertes manos sin poderte soltar suplicando piedad hasta quedarte sin voz o saliva para gritar por ayuda, el deseo de querer liberarte será tan fuerte que el instinto borrará tus límites. Me borrará a…..mí. Y tendrás deseos de matar.

-Te dije que no quería saber la respuesta.

-Eso no lo decides tú.

-¿Por qué? ¿Por qué me estas ayudando? ¿Quién eres?

-¿Te gustan los acertijos?

-No cambies el tema.

Oh!, pero si será divertido. Esto te encantará.

-No.

-Bueno ahí va.

-¡De que me sirve el “no” entonces!             
                               
“Te digo lo que está bien y lo que está mal,
casi todos deciden ignorarme,
pero suele ser por un tiempo temporal,
porque sabes muy bien en el fondo que, al final, la verdad siempre saldrá.
No puedes verme, pero puedes oírme, pero muy poco pueden escucharme.”

Who…am…I?!

-No lo sé ¿Tiempo temporal? ¿Está bien dicho?, es porque no sabes con que rimarlo, ¿no?

-¡¿Eh?! ¡N..n…no! es un acertijo perfecto. Solo sigue los consejos que te mencioné, te mantendrán con vida. Te di muchas opciones para que no cometas algo estúpido de lo que luego vayas a arrepentirte.

-¿Qué?

-Si llegas a arrepentirte de alguna acción, estoy segura de que nos volveremos a encontrar. ¡Ah! Y por cierto, siempre que vengo de visita, el tiempo no existe. Así que en donde nos habíamos quedado… ¡Oh, sí! Estabas…corriendo por tu vida, así que…

Corre…

-¿Eh? ¿Dónde estoy? Por un momento me perdí en mis pensamientos. Veo con más claridad, ¿de dónde viene esa luz?

Cuatro hombres se acercaron a donde yo estaba. Uno de ellos traía un bat en llamas.

-Ah, me equivoque. No necesariamente ellos van a estar a ciegas si yo lo estoy. Subestimé mucho la situación.

Se escuchaban risas perturbadoras entre ese grupo de chiflados sin camisa. Ni siquiera tengo conocimiento del por qué  están causando esta masacre ¿Qué hice yo como para merecer tal terror? No los conozco, pero me veo involucrada. ¿Quiénes son? ¿Se harán la misma pregunta sobre sus víctimas? ¿No se detienen a pensar que con matar a una persona realmente matan más que eso? ¿Por qué no pueden detenerse a pensar?

-¡¿Qué no tienen….?! ………Oh.

-¡VEOO A AALGUIEEEEEN! ¡AJAJAJAJAJA!

-EL ROJO ES UN COLOR MARAVILLOSO, ¿POR QUÉ NADIE COMPARTE NUESTRA OPINIÓN?

-BUENO TAL VEZ ELLA SEA MÁS RAZONABLE QUE LOS OTROS.

-Oye malcriada estúpida….

Él habla con normalidad a comparación de los otros; bueno, sin contar los insultos…

-¿Te gustaría ver tu color rojo?

Bueno, ahora sé que aunque diga que no, a ellos realmente no les importa, lo harán de todas maneras. Si digo algo sarcástico estoy cavando mi propia tumba; esto no es una película, no puedo decir algo como: “¿Te gustaría ver el tuyo?” y hacer algo extremadamente violento e irracional.

                                                                  *     *     *

-Corre fue lo que me dijo.

-Esta escuincla imbécil está hablando sola. ¡HEY! ¡Te hice una pregunta!

“Y si hablo sola qué, ¿tienes algún problema?”… Deja de pensar de forma sarcástica. ¡Concéntrate! ¿Por qué tanta la insistencia en saber mi respuesta? Podrían solamente acercarse y hacerme lo que ellos plazcan. ¿Qué los detiene? Es una clase de diversión ¿Tortura? No creo que sea tortura ¿Entonces qué es? ¡GAH! Luego te detienes a preguntar ¡Solo corre, por dios!

-¿¡A DONDE QUIERE IR LA PEQUEÑA CORDERITA!?

Sin siquiera darme cuenta, ya estaba corriendo. Uno de los hombres me tomó por mi largo cabello, me jaló con firmeza y me arrastró hacia uno de los autos. Tomó un fierro que estaba en el suelo. No pude notar ni un rastro de culpa en sus ojos. Ni siquiera miedo.

-Entonces – dijo mientras crujía su cuello para luego dirigir su mirada a mis ojos - ¿Cuál es tu respuesta?

- Es…la conciencia.

Sujetó mi cabello con fuerza, movió el fierro hacia atrás y lo último que recuerdo de ese momento es oscuridad.

Abrí mis ojos. Mi corazón latía frenéticamente. Apenas podía respirar. Estaba en mi habitación, en mi cama. No se veía real. Parecía que lo anterior era la realidad. Toqué mi rostro y me llevé con la sorpresa de que había lágrimas en mis mejillas.

SMS

viernes, 7 de noviembre de 2014

La maquina de escribir

La abuela solía decirnos que cuando alguien moría en realidad jamás se iba. La mayoría de las personas le tienen mucho miedo a lo que le suelen llamar fantasmas, pero ¿Los fantasmas saben que están muertos?
Viena, Austria año 1870. Eran las 12:00 de la noche de un sábado. Todos dormían en sus respectivos cuartos. Se podía apreciar el maravilloso sonido de la noche. Grillos entonando en armonía, el viento que hacia caer las hojas de los árboles, y otro tipo de insectos uniéndose en una sola melodía. ¿Mi nombre? Me llamo Victoria. Soy la más pequeña de la familia. No podía conciliar el sueño esa noche, pareciera que el sueño se había ido de mi sistema, como si no conociera el significado de la palabra.
Intenté todo. Caminé un rato por mi habitación, miré hacia la ventana, mantuve la mirada hacia el techo…..no tuve éxito.
Dieron las 3:00 de la mañana. El reloj de péndulo gigante que se encontraba en la sala principal del piso de abajo dio 3 campanadas.

¡TALAN……..TALAAN…….TALAAAAAAN!

Después de la última campana, que es la más larga, los sonidos desaparecieron por completo. No se oían ronquidos u otra clase de respiración. La noche se calló. Me dio un pequeño escalofrío.
Me quedé en absoluto silencio. No moví ni un solo músculo. Comencé a sudar y mi respiración comenzó a ser cada vez más irregular.

Tac Tac Tac Tac Tac Tac ¡TIIIN!.......... ¡RRRAAAAAC!

¿Eh? ¿Qué podrá ser ese sonido? ¿Una máquina de escribir? Eso no tiene sentido.
Primero, se escuchó el arrastre de una silla, un ruido chirriante y rasposo en el oído. Luego se comenzaron a escuchar pasos fuertes y claros, parecían de alguien alto y pesado. Por último, el sonido de una puerta abriéndose con dificultad. Parecía que tuviera problemas con eso.

Tac Tac Tac Tac Tac Tac ¡TIIIN!.......... ¡RRRAAAAAC!

Decidí salir de mi habitación para investigar. Empecé a jadear cada vez más fuerte. Mi corazón se aceleraba a cada minuto que pasaba. La cabeza me daba vueltas. ¿Qué estoy haciendo?
Bajé las escaleras con cuidado. Quería saber de dónde provenía el sonido. Venía del estudio.
Mantuve distancia. Pude notar que la puerta del estudio estaba entre abierta. Di unos cuantos pasos y, la maquina se detuvo. El pánico comenzó a correr por mi cuerpo. Se detuvo ¡SE DETUVO! ¿Qué hago? Nadie te prepara o te dice que hacer en casos como estos. La puerta se abrió como si alguien la jalara de la otra habitación. Pude distinguir una enorme mancha. Era ¿tinta?
No se movió, y yo tampoco.
De repente, una sensación de frío comenzó a apoderarse del calor que poseía mi blanca piel. Caminé hacía el ser. No era yo la que lo hacía. Era él guiándome hacia el estudio. Lo único que se me ocurrió hacer fue cantar para calmarme. Tararé An der schönen blauen Donau (El Danubio Azul), el vals favorito de mi madre. ¿Quién es aquel ser que escribe a estas horas de la noche? ¿Qué deseaba de mí?

 Sin darme cuenta me dirigí hacia la silla que estaba enfrente de la maquina. Miré hacía la hoja que estaba puesta lista para escribir. La maquina comenzó a escribir algo. Las teclas se movían, pero no había nada visible que las manipulara.

T…..E…….V…..E…..O

Me dolía la cabeza. Miles de pensamientos cruzaron al instante ¿Qué se supone que debería hacer? ¿Llamar por ayuda? ¿Desmayarme? 
No. Voy a escribir. No tengo nada que perder. Me muero de la curiosidad. Empuje la primera tecla. Se había plasmado en la hoja lo que había escrito, tenía una duda que me venía siguiendo desde que comencé a escucharlo.

¿QUIÉN ERES?

¿Recibiría una respuesta? Espere unos minutos sentada.

NO QUIERES SABERLO

De repente, desde la ventana pude apreciar al sol asomándose desde lo lejos, la sombra de tinta se acercó a la luz del día y me extendió la “mano” o lo que fuera eso que me ofreció. No quise seguirla. Tenía mucho miedo ¿Debía confiar en ella?¿Qué motivos me daba para obedecerlo? Me sentía en lo profundo de un abismo. Me sentí pesada y agotada. En un instante me desmaye.
Desperté y había agua, mucha agua a mi alrededor. Estaba en el Danubio, dentro de él, lo supe porque no hay río que se le compare en color cuando se es de noche; es peculiar, en el día es verde y parece agua contaminada, pero de noche se transforma en algo maravilloso. La sombra de tinta estaba conmigo, se acercó hacia mí. Me llamó la atención que de él flotaban gotas de tinta que emanaban de su cuerpo ¿Será por el agua? Me tomó lentamente de mi cintura y tocó mi frente, me hizo recordar. Ahora lo recuerdo. Morí ahogada, feo y triste desenlace, y repito las mismas cosas que realicé antes de que mi corazón dejara de latir y se diera el último aliento. Entonces ¿Olvidaré de nuevo este hecho? ¿Cuanto tiempo llevo así?
La sombra de tinta siempre me regresa al principio cada vez que rechazo su mano. Un ciclo sin descanso. Un insomnio del cual jamás podre salir.

El sueño realmente salió de mi sistema.


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